Alberto Dassieu, un verdadero maestro

“Querida Isabella, mucho me alegra ver esta foto que fue de las primeras que tuve en mi llegada a Toronto, como así también poder compartir con muchos amigos de esa ciudad, a los que siempre recuerdo. Por su gran cariño para conmigo. Esas son cosas que uno nunca debe olvidar. Y es lo que me sucede a mí, que no lo olvido, que siempre quiero recordar. Aprovecho para mandarles un cariño grande como así a todas las personas que se adhirieron en comentarios. Cariñosamente, Alberto Dassieu”

Habiendo tenido el placer de ver a Alberto Dassieu por años en las milongas de Buenos Aires y de haber bailado con él, cuando escuché que iba a hacer una gira por Norteamérica en 2011 con una parada en Toronto, me vino la idea de tener una clase privada con él.
¿De qué hablaremos? ¿Qué bailaremos? ¿Qué querría que esta leyenda compartiera conmigo?

Después de reflexionar, la mejor opción que me vino a la mente fue esperar que él quisiera compartir algunos de sus pensamientos sobre la orquesta Carlos di Sarli. Por supuesto, él debe tener puntos de vista muy interesantes sobre el tema y quizás quisiera incluirme en ellos con su larga experiencia.

La clase fue muy interesante y, al terminar, bailamos un tango hermoso y Alberto me honró invitándome a hacer algunas demostraciones con él en Toronto.

Aunque nunca tuvimos la oportunidad de practicar juntos, cuando llegó nuestra oportunidad de compartir un hermoso tango en la milonga, Alberto tuvo una visión totalmente clara de que deberíamos bailar el tango “Llueve Otra vez” .


Gracias por haber compartido por un rato conmigo a Alberto Dassieu, un verdadero maestro.

Llueve otra vez
Tango 1944

Música: Juan José Guichandut

Letra: Juan José Guichandut

Escucha corazón
el eco de su voz…
Escucha, corazón, está lloviendo
y la lluvia va tejiendo
los recuerdos de su amor.
¡Qué pena, corazón!
No es ella, ni es su voz.
Tan sólo es la obsesión que me domina,
el recuerdo que castiga
desde su adiós.

Llueve…
y un látigo de luz me azota,
relámpago de fiebre loca.
La lluvia, sin cesar,
golpeando en el cristal,
renueva la emoción perdida.
Y entre la bruma creo ver su imagen,
igual que entonces, diciendo adiós.
Llueve…
y el cielo se llenó de sombras,
lo mismo que mi corazón.

Tristeza que dejó
el eco de su voz.
Tristeza de esperar inútilmente
y creer que nuevamente
con la lluvia volverá.
¡No esperes, corazón!
¡No penes por su amor!
Mañana cuando el sol radiante asome
al calor de otros amores,
olvidarás.

Article translated by Mariela Guardia (mariela_guardia9@hotmail.com)

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